El poder de las redes sociales es impresionante. Recuerdo que un día me dijeron: “cómprame un café de esa tienda” y esa persona hizo difusión en redes sociales a modo de broma que yo no quise comprarle un buen café estando en tierra cafetalera. La reacción fue inmediata, que yo debería de comprar café del bueno, en restaurantes prestigiados que lo sirven de primera. La lluvia de cuestionamientos, recomendaciones y “llamadas de atención” era descomunal en tan solo cinco minutos. Lo bueno que fue una broma. Ahora imagínense cuando los ánimos están fanatizados, ni mencionar lo que se genera.
El extremo de
esta situación son aquellos casos donde en las redes sociales se ha hecho
difusión de cierta información política bien estructurada que genera un alto
impacto y en consecuencia viene el derrocamiento de gobiernos y todo por el
fanatismo en el que se encuentran todas las personas. Y el impacto de todo esto
es más fuerte si las personas no leen y se dejan llevar por lo primero que
escuchan y ven.
Ahora que han
pasado los comicios de este mes, resumo que me ha tocado ver hasta lo que no: desde
los bandos que se dicen de todo y se atacan por todo, pero sin un fundamento real
y tangible, hasta aquellos que de alguna forma argumentan un poco tratando de
calmar las aguas. Si bien la libertad de expresión nos da derecho a decir lo
que pensamos, lo que no es correcto es caer en el insulto o tratar de decir que
alguien tiene la razón absoluta.
No importa quién
esté en el poder, no importa de qué partido hayan salido. Todos tienen sus
pecados, sin excepción, nadie se escapa. Lo realmente relevante es a qué nos
comprometemos cada uno de nosotros como personas para hacer de este grandioso
México un país diferente. Las quejas no sirven de nada, lo que sirve es el
cambio que cada uno se compromete a hacer para evitar lo que no queremos. No
podemos influir, cambiar o reeducar a la gente, si acaso, eso lo podemos hacer
con nuestros hijos, personas que aún podemos moldear con criterios, valores y
principios, para que cuando crezcan tomen decisiones con bases y argumentos sólidos.
En este proceso es inevitable la lectura. Pueblo que no lee, pueblo que es manipulado.
Es compromiso hacer lectura, nunca es tarde para ello.
Hay una frase
interesante que dice: “Tienes la decisión de quedarte sentado y ver cómo pasan
los demás y avanzan, o pararte y avanzar para ver a los demás que se quedan
sentados”. Eso es justo lo que nos toca, ser de los que nos paremos y tomar
acciones en beneficio del país.
Sin embargo, hay
una barrera intermedia entre las altas esferas de la política y el pueblo, el
famoso “sistema” que está a prueba de todo con tal de mantener el poder y
control a su propia conveniencia. Romper ese “sistema” es un reto. Habrá
quiénes puedan imponer sabiamente apertura entre sus murallas, pero habrá otros
que no puedan ni siquiera hacer un rasguño. Mi papá siempre ha dicho: el problema
en México es “el sistema”, aunque una persona quiera permear cambios, el
sistema estará rechazando todo o acomodándolo a conveniencia para que el pueblo
siga igual o peor.
Al parecer, y lo
curioso al mismo tiempo, es que no ha habido hasta hoy una persona que dirija
al país de tal forma de realmente rompa “el sistema” y haga que verdaderamente
haya un cambio en pro de todo el pueblo. De toda la lista de candidatos
presidenciales de todos los partidos, desde que recuerdo, no tengo un solo nombre
por mencionar que se haya comprometido verdaderamente a darle pelea al sistema,
a desmembrar hasta las entrañas las edificaciones de sus barreras. No hay nombres.
La lista está vacía y veo que seguirá vacía.
Ojalá y en lo que resta de mi vida, pueda ver al fin, un nombre en la lista,
una persona que tome al toro por los cuernos y que aniquile al sistema. Podría decir
que hasta soy vidente y que, en los próximos 30 años, seguiré viendo mi lista
vacía.
Todo presidente
tiene en sus manos la oportunidad de romper “el sistema”, todo presidente tiene
la obligación de rodearse de asesores que realmente sepan del tema por el cual
se contratan (porque a veces pareciera que, en vez de asesorar, es desaconsejar
para beneficio del “sistema”). Y si le sumamos que incluso el mismo presidente
obedece al sistema tras bambalinas, entonces el cuadro es peor. En lo que llevo
de vida, no he conocido presidente alguno que sea ajeno al sistema.
Termino esta
entrada con dos cosas relevantes: 1) es obligación leer, pero leer documentos
serios y formales, no lecturitas de redes sociales que, en vez de informar,
desinforman; y 2) formar a quienes podemos en valores, principios, criterios y
ética. El resto llega solo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario