El día fue maravilloso, las cosas salieron con base a lo planeado y solo faltaba una buena comida. Y así fue. Al término de la comida, en espera de la cuenta, un niño entró pidiendo limosna. Cuando se acercó a la mesa donde estaba...
- Una moneda. -
- No. Pero, ¿tienes hambre? -
- Sí. -
- ¿Quieres una “gordita”? -
Los ojos del niño se tornaron redondos y una sonrisa un tanto seca apareció en su rostro.
- Sí. -
- ¿De qué la quieres? -
- De mole. -
Ordené la “gordita” de mole y pedí que la cargaran a mi cuenta.
- ¿Cómo le va? - Preguntó el niño.
- Bien, gracias. -
Una sonrisa más natural se esbozó en su rostro. Y esa sonrisa es lo mejor que pude tener el día de hoy.
No hubo más diálogo. El niño sólo esperó su “gordita” y conforme la tuvo se fue del local, a un costado del mismo a comer, tal vez, su primer alimento del día, no lo sé.
Realmente no hay nada que pueda comparase con una sonrisa de un niño, y más bajo estas circunstancias. Aunque no hubo la palabra “gracias”, no importa, la sonrisa es mucho más que un montón de gracias, el que coma es mucho más que un montón de gracias... Tan solo eso es mucho más a que todo haya salido excelente por la mañana.
También yo tuve una sonrisa que logró un relajamiento muy particular. Por enésima vez comprobé que sonreír nos armoniza. Fue una grata experiencia que hace crecer y valorar muchas otras cosas, o al menos a revalorarlas.
El apreciar uno mismo este tipo de experiencias personales, en el mundo de la espiritualidad, se conoce como Contemplación. Entre más Contemplación, más crecimiento, más conciencia de nuestro Ser. Y no puedo decir que tengo muchos espacios de Contemplación, pero sí puedo decir que uno puede generar la Contemplación cuando así se lo propone.
Finalmente, una persona que busca ayuda real por medio de la limosna, es una persona que sabe recibir ayuda de quien le ofrece alguna alternativa a una moneda. Si no es así, seguramente la moneda no es para saciar el hambre, es para saciar sus vicios y adicciones.
¡Un tlamantli iuani más en mi vida!