Cuando tenía aproximadamente 5 años, recuerdo que la explanada de la iglesia de Tacuba era un lugar muy conveniente para apreciar la tarde o la noche. Al no tener absolutamente ningún puesto de comercio informal, era posible apreciar la iglesia, sus alrededores y a la gente disfrutando de caminares relajados. Hoy no se aprecia ni la misma iglesia y todo se ha convertido incluso en un lugar inseguro, sucio y descuidado.
Si retrocedemos más en el tiempo, a la época en la que las
generaciones de hierro disfrutaban de dicha iglesia y su explanada, es posible
ubicar a algunas de las muchas personas que trabajaban en el mercado para
ganarse la vida. Dentro de esas personas se podía ver a una muy peculiar
vendiendo tripas, cargándolas en botes, y siempre con una sonrisa y voz muy
peculiares. Esta persona, por cierto, muy joven, solía vestir con un pantalón
sostenido entre la cadera y la cintura, con una playera ajustada y siempre con
una gabardina negra. Se destacaba por su amabilidad y ayuda. De acuerdo con
algunos recuerdos platicando con mi mamá, y según la abuelita de ella, nuestro
personaje por las tardes se iba a trabajar en espectáculos cómicos.
Hablamos de Cantinflas, un actor que hizo historia en el cine
mexicano y en el cine extranjero. Una personalidad impactante en muchos
sentidos y que cuya vestimenta clásica que se le conoció en las películas, fue
su vestimenta esencialmente de su día a día y en su trabajo.
Nunca me imaginé que en mis familiares antecesores hubiese
algunos que conocieron los orígenes de Cantinflas. Seguramente por la época, se
podía decir que por la poca población de ese entonces, era muy factible conocer
a quienes fueron posteriormente grandes personalidades del cine.
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