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lunes, 8 de julio de 2013

Sobre la vulnerabilidad

¿Qué significa ser vulnerable? Bien, el diccionario de la RAE lo define como alguien “que puede ser herido o recibir lesión, física o moralmente”.

Si hablamos de una elección, como acaba de pasar este domingo 07, los candidatos son vulnerables esencialmente por que se rodean de cierta fama (que sin importar si realmente aportan algo o no al pueblo) se hacen reconocibles en cualquier lugar. Aquí, puede aplicar más la parte física que la moral. Los artistas son otro caso de vulnerabilidad física. A donde quiera que vayan, los mismos fanáticos suelen cometer agresiones físicas a sus ídolos. Si hablamos de las personas que tienen mucho dinero, también se vuelven vulnerables.

Respecto a la parte moral, sabiendo que es “perteneciente o relativo a las acciones o caracteres de las personas, desde el punto de vista de la bondad o malicia”, la lesión es referente a reglas, juicios de otras personas y hasta cuestiones espirituales.

Tom Connellan, en su libro “Las 7 claves del éxito de Disney” (Panorama, 1997), dice que “en el preciso instante en que todos dicen lo grande que es uno, es cuando uno se torna en más vulnerable” (p.p. 21). Para ilustrar, pensemos un momento en los grandes iniciados que ha tenido la humanidad, empezando por Jesús, seguido de Buda, Hermes, Platón, etc. Todos recibieron miles de lesiones físicas y morales. Y sin hablar de grandes personalidades, entre más asciende uno en su trabajo, más se cumple esta premisa de Connellan. El punto importante aquí es la parte moral. Para evitar una lesión moral, hay que crecer también internamente, hay que eliminar el ego y renacer en cada nuevo crecimiento. Ser mejores personas no solo es el trabajo externo de lo que implica, es también hacer un trabajo interno que redoblará fortalezas para evitar, al menos, el efecto de la lesión moral proveniente de otras personas. (Si no hay efecto, no hay lesión).

Ser reconocido (a cualquier nivel y contexto) implicará exposición, pero una cohesión interna sin un Yo o un ego será la mejor defensa ante las agresiones morales y tal vez, hasta de las físicas.

martes, 22 de marzo de 2011

Un poco de Contemplación: la buena obra del día

En el corazón de Zacatecas...

El día fue maravilloso, las cosas salieron con base a lo planeado y solo faltaba una buena comida. Y así  fue. Al término de la comida, en espera de la cuenta, un niño entró pidiendo limosna. Cuando se acercó a la mesa donde estaba...

- Una moneda. -
- No. Pero, ¿tienes hambre? -
- Sí. -
- ¿Quieres una “gordita”? -


Los ojos del niño se tornaron redondos y una sonrisa un tanto seca apareció en su rostro.

- Sí. -
- ¿De qué la quieres? -
- De mole. -


Ordené la “gordita” de mole y pedí que la cargaran a mi cuenta.

- ¿Cómo le va? - Preguntó el niño.
- Bien, gracias. -

Una sonrisa más natural se esbozó en su rostro. Y esa sonrisa es lo mejor que pude tener el día de hoy.

No hubo más diálogo. El niño sólo esperó su “gordita” y conforme la tuvo se fue del local, a un costado del mismo a comer, tal vez, su primer alimento del día, no lo sé.

Realmente no hay nada que pueda comparase con una sonrisa de un niño, y más bajo estas circunstancias. Aunque no hubo la palabra “gracias”, no importa, la sonrisa es mucho más que un montón de gracias, el que coma es mucho más que un montón de gracias... Tan solo eso es mucho más a que todo haya salido excelente por la mañana.

También yo tuve una sonrisa que logró un relajamiento muy particular. Por enésima vez comprobé que sonreír nos armoniza. Fue una grata experiencia que hace crecer y valorar muchas otras cosas, o al menos a revalorarlas.

El apreciar uno mismo este tipo de experiencias personales, en el mundo de la espiritualidad, se conoce como Contemplación. Entre más Contemplación, más crecimiento, más conciencia de nuestro Ser. Y no puedo decir que tengo muchos espacios de Contemplación, pero sí puedo decir que uno puede generar la Contemplación cuando así se lo propone.

Finalmente, una persona que busca ayuda real por medio de la limosna, es una persona que sabe recibir ayuda de quien le ofrece alguna alternativa a una moneda. Si no es así, seguramente la moneda no es para saciar el hambre, es para saciar sus vicios y adicciones.

¡Un tlamantli iuani más en mi vida!