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sábado, 29 de octubre de 2022

La ansiada mikistli del horario de verano

Hoy es la última noche del horario de verano y al mismo tiempo es la última vez que veremos un cambio de horario.

Después de que el expresidente Zedillo implantara este nefasto horario que altera de forma sustancial muchas cosas de la vida cotidiana, hoy tenemos la fortuna de estar festejando a lo grande un logro del presidente López. Hoy, como la última noche de pesadilla, se sepulta la hora crítica.

Al mismo tiempo, no puedo dejar de mencionar la cantidad impresionante de cosas que se soltaron en las redes sociales sobre las consecuencias de no volver a cambiar el horario en el verano. Y la verdad es que la desinformación gobierna lo que se dice. No va a pasar nada que no hayamos vivido antes de 1995. La vida sigue como siempre.

Sin más qué comentar, a disfrutar de lo que nunca pensé volver a ver...

martes, 5 de noviembre de 2019

La tranquilidad del horario de invierno (y cambio climático)

A semana y media de haber terminado el fastidioso y nefasto horario de verano puedo decir que la vida vuelve a su cause de forma natural, sin complicaciones anti-biológicas y con grandes beneficios de productividad.

Lo he dicho muchas veces y lo seguiré diciendo las veces que sean necesarias: el horario de verano no es una cuestión de ahorro tangible para nuestra ubicación geográfica, el horario de verano es una cuestión de conveniencia transaccional con los gringos. Por cierto, que los gringos copiaron la medida de los ingleses, quienes a su vez la copiaron de los alemanes tras su implementación a causa de situaciones críticas derivadas de la Primera Guerra Mundial. Y como hubo una Segunda Guerra Mundial, va de nuevo el movimiento de horario. Dado que en los 70 hubo crisis energética, se hizo fácil dejar la medida de forma definitiva en Europa y E.E.U.U. La cuestión es que nuestro tradicional horario de invierno debería ser inalterable como lo era justo antes de que Ernesto Zedillo entrara al poder.

Pero dejémonos de sermones políticos e históricos. Este horario de invierno es una maravilla que relaja la vida diaria en cada uno de los miembros de mi familia por la simple y sencilla razón de que todo a nuestro alrededor es congruentemente natural con lo que vemos, oímos y sentimos.

Pero antes de terminar esta entrada dejo la siguiente pregunta al aire: ¿Si el horario de verano es una medida energética, realmente es lo suficientemente buena como para ser parte de los esfuerzos para evitar el daño a causa del cambio climático que experimentamos? Bueno, no quiero dejarla al aire, y disculpen si lo que digo carece de fundamentos, pero la realidad que percibo es que ni el cambio de horario, ni otras medidas son lo suficientemente buenas para las cuestiones climáticas… ¡NO HAY COMPROMISO REAL de ninguno de nosotros ni mucho menos de la gente tras las grandes cumbres para el cambio climático!

domingo, 26 de octubre de 2014

El placer de una hora más

Hoy al despertar se observó un nuevo día, pero con un detalle particular: un mejor descanso. A lo largo de la mañana se percibe una quietud rendidora, una mayor paz y tranquilidad. No es que este domingo se caracterice por un fenómeno natural poco común, no es que hoy por ser domingo nos hayamos parado más tarde. Todo este fenómeno es por una simple y sencilla causa: el ajuste de la hora por terminación del nefasto, horrible, perjudicial, nocivo, escandaloso, estresante horario de verano.

Hoy el horario de verano se ha acabado. Hoy volvemos a un horario que nunca debería moverse, o por lo menos no en el tiempo que se maneja. Una hora marca la diferencia entre sentirse bien o sentirse mal y estresado.

Para el ritmo cotidiano y moderno que llevamos, muchos tal vez no lo perciben, lo ven como simplemente una hora que a final de cuentas no impacta en lo que se hace. No obstante, es parte de una falacia más: una hora impacta tanto como enfermarnos más: la alteración en la hora del sueño, en la hora de las comidas, en la percepción de la luz natural, en no descansar a causa de del clima (generalmente en muchas zonas es excesivamente caluroso).

Una hora es una hora, le pese a quien le pese. Una vez más lo diré: el horario de verano debería ser no mayor a 5 meses o preferentemente no debería volver a manejarse (esta es la entrada previa de hace 4 años: El fastidioso y nefasto horario de verano). ¿Ahorro de energía? Sí, pero a costa de una vida más enferma, donde dicho ahorro, si es que así se le puede llamar, se nos va en un estrés que nos enferma y pagamos por medicinas para aliviarnos, medicinas que salen más caro que es ridículo ahorro tangible que según tenemos, “a según” dice el gobierno.

Pero no más negatividad. Hoy debemos disfrutar de la paz que esa hora nos ofrece y vivir el espacio de 5 meses de un ligero incremento en la calidad de vida. Que viva el horario normal, que viva el horario estándar que nos da algo más real a nuestro reloj biológico.

¡Viva el placer de una hora más!

sábado, 3 de abril de 2010

El fastidioso y nefasto horario de verano

1994: inicia su gobierno Ernesto Zedillo. 1996: primer año del horario de verano. Motivos oficiales: ahorro de energía. Motivos extraoficiales: apego a políticas gringas, bolsa de valores, acuerdos diversos por economía y conveniencia de no sé quienes, etc.

2000: inicia su gobierno Vicente Fox. 2001: único año en donde el horario de verano se acortó de 7 a 5 meses. Motivo: respuesta a las críticas de dicho cambio de horario y solución (aparente) al conflicto ya que posteriormente todo lo remite al Congreso y va de nuevo: 7 meses.

La realidad del horario de verano (y de cualquier otro tomado como referencia en nuestra vida moderna) es que esto es un atentado a nuestra biología y por consecuencia a la naturaleza como ser vivo. Simplemente, como seres vivos respondemos a la presencia de luz solar. Entre más sol tenemos es natural despertarse más temprano y viceversa. Los problemas asociados y que se reflejan fuertemente en nuestro organismo van desde un evidente cambio de horario en nuestros alimentos (¡cuidado para quienes son extremadamente sensibles a las horas de comida!), repercusiones esencialmente en niños y personas mayores que tiene un ciclo de respuesta más apegado a la luz del sol, hasta situaciones donde no es posible dormir porque una hora de diferencia marca también una diferencia entre calor y frescura.

¿Resultado? MÁS ESTRÉS. Si de por sí nuestra vida moderna es un estrés impresionante, échenle más leña al fuego por desajustes provocados por movimientos de horario. No cuestiono los beneficios como País, pero cuestiono los resultados en nosotros como seres vivos. Tampoco nos vamos a morir, pero sí nos repercute en nuestra salud: ansiedad, psicología, etc.

Como no es nada agradable, he implementado una solución. Y aclaro, es una solución muy personal que me funciona y porque tengo la libertad de hacerlo sin perjudicar a terceros. La solución la implementé a partir de la de papá, quien inició esto también de forma personal.

No hago ningún ajuste de reloj cuando llega el horario de verano. Siempre vivo con la misma hora regular. ¿Cómo le hago para mis compromisos? Desde luego tengo que hacer una traducción de horas, pero es sencillo: solo resto una hora a la hora que me dicen. A muchos les puede parecer complicadísimo, pero conmigo funciona.

Laboralmente, tengo la fortuna de poder programar mi horario semestre a semestre. Y todo lo dejo exactamente repartido de tal forma que aunque llegue el horario de verano, en mi reloj siempre entro y salgo a la misma hora. Listo.

Si el horario de verano se hubiera quedado de 5 meses, creo que gustosamente podría (mas no lo aseguro) cambiar mi reloj, porque del mes de mayo al mes de septiembre el sol sale más temprano, pero tenemos un abril y octubre que no obedecen a las mismas condiciones solares (y climáticas).

Psicológicamente (para mí) es agradable saber que es más temprano y ya. Pero saber que es más temprano y al mismo tiempo más tarde y de pilón prende la luz porque está aún obscuro...

¡Vaya, que tlajtolilochtilistlis!