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sábado, 30 de junio de 2018

La danza de las horas

Las trompetas inician su sonar rítmico e inmediatamente el coro coordinado acompaña el melódico transcurrir del tiempo. El pandero y la batería complementan la armónica danza de las únicas 24 participantes. El escenario es infinito y las bailarinas pasan una y otra vez. No se cansan. Y lo más interesante es que la raza humana las inventó y las sincronizó, y han sido tan impactantes a tal grado de depender de ellas para todas sus actividades. Así, la danza suena una y otra vez cada día y cada instante.

En ese transcurrir de tiempo, o para ser más exacto, en ese túnel del tiempo pasa la vida en toda su magnificencia y el ser humano rara vez se percata de ello, aunque curiosamente lo único que no olvida son a las 24 bailarinas. ¿Quiénes disfrutan de la danza? Se dice que sólo los niños. Y precisamente cuando era niño conocí una pieza musical que describe imaginativamente ese túnel del tiempo con sus 24 participantes en escena: las 24 horas del día. Se trata de la pieza musical interpretada por Ray Conniff: la danza de las horas.

En seguida les dejo una de las grandes piezas musicales que marcaron mi niñez al escucharla en muchos momentos maravillosos de juego y, que actualmente, cada vez que la escucho me lleva a lugares increíbles con grandes recuerdos.


miércoles, 24 de febrero de 2016

Los lacitos

Recuerdo que cuando estaba chico e iba a la tienda con mi mamá, y sabiendo que pasábamos a comprar a la “Tienda Grande” (nombre oficial: Abarrotes La Única), me encantaba ir porque seguro podía adquirir golosinas, especialmente los lacitos de diferentes sabores. Mis sabores favoritos eran fresa, naranja y limón. Puedo decir que eran de un sabor único. De hecho eran una diversión porque el lazo venía con una longitud bastante grande, tal vez de un metro y todo enrollado y eso era motivo suficiente para la imaginación.

A cuatro décadas de esos grandes momentos, hoy me encuentro con los lacitos en una prestigiada tienda clásica que hay en todas las plazas que abre desde las siete de la mañana y cierra a las diez u once de la noche. Y evidentemente no pude esperar a comprarlos. Los encontré con el nombre de “Lacitos Creatable”. No recuerdo el sabor de los lacitos de aquellos años, pero puedo decir que el sabor de estos no es nada despreciable.

Para todos aquellos que les fascina la golosina, puedo decir que los disfrutarán. Mientras tanto, estas líneas las he escrito acompañado del sabor de los lacitos.

domingo, 11 de octubre de 2015

Dos mil travesuras con ternuras de amatlapali

Cuando era niño solía entretenerme largas horas haciendo figuras de amatlapali. Desde los clásicos aviones que son tan populares, hasta elefantes y pirañas que recorrían mi mente para construir grandes aventuras como nunca. Desde siempre supe que todo esto se llama papiroflexia y prácticamente todo lo que estuvo a mi alcance fue dominado en su totalidad. Hasta la fecha, recuerdo cómo hacer solamente algunas figuras, y son suficientes para seguir pensando en mil aventuras y travesuras.

Hoy sé que tendré la oportunidad de volver a revivir no sólo las aventuras y travesuras de papiroflexia, podré volver a vivir las grandes aventuras con juguetes clásicos y juguetes nuevos y modernos. El viejo “guarda juguetes” será abierto muy pronto y la odisea volverá con toda su fuerza y poder para las nuevas aventuras. Pero lo más importante en definitiva serán las travesuras de papel, las cuales considero más importantes que cualquier juguete tecnológico. Abajo les dejo el sentido de lo que digo.

¡¡¡Todo lo puedo traducir en que serán
dos mil travesuras con figuras de papel!!!