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sábado, 2 de agosto de 2014

La lagartija a la tlamiktia de la tlauili roja

Mirada fija, quietud total. Posición relajada y expectativa total. ¿Qué es?

Tras indagar un poco y encontrarle “la cuadratura al círculo”, la respuesta llegó de forma inmediata: ¡una pequeña lagartija ubicada en la esquina de la habitación!

Tenía a mi alcance un apuntador láser y lo prendí para intentar hacer que se moviera la lagartija. Apunté directamente sobre los ojos y no hubo movimiento alguno (pensé que quedaría “deslumbrada”). No obstante la respuesta fue inesperada: moví lentamente el apuntador y la lagartija empezó a seguirlo. Hice un movimiento más rápido y la lagartija aceleró su paso. ¡Y la diversión dio inicio!

Tras hacer varias figuras imaginarias con el apuntador láser y con una mascota instantánea siguiéndolo por toda la pared (mi esposa quiso tomar foto pero no fue posible), la lagartija se detuvo. Ya no siguió el apuntador. Sospecho que se dio cuenta de que era un juego y nada bueno iba a obtener. Intenté varias veces hacer que siguiera el láser del apuntador y no hubo respuesta. La diversión había terminado.

¡Y la lagartija no se movió hasta que la perseguí por toda la habitación!

A veces perdemos el sentido de la diversión con lo más insignificante (aunque haya un apuntador láser), nuestro estrés nos hace olvidar que podemos divertirnos con casi nada. Debemos tratar de retomar, y posiblemente de desarrollar nuevamente, esa capacidad. La naturaleza nos ofrece todo, pero con la tecnología en mano nos perdemos y olvidamos. Valoremos los instantes de la diversión a la antigua.

viernes, 14 de diciembre de 2012

Lo que cuenta es la pakiliskayotl

El caminar pausado daba tiempo a la reflexión, al discurso, a lo cómico. Las horas pasaron y cuando menos se esperaba, ¡la diversión llegó! Así, sigo comprobando aquella frase que un buen amigo me dijo hace algunos años: “nunca dejes de hacer lo que te gusta, porque es lo único que te mantendrá y sacará adelante”.

Detrás de la diversión aparecieron los niños que esos adultos siempre llevan dentro, pero que generalmente se reprimen y castigan. No obstante, en ese espacio de entretenimiento, los adultos desaparecieron, y los niños hicieron de las suyas. Así, sigo comprobando que los niños viven en un mundo lleno de mayor felicidad que el de los adultos.

La agitación de los juegos hizo que desapareciera el tiempo, y esos niños entraron en un nivel de armonía perfecta, donde el presente se disfruta al máximo con las consecuencias gratas de disfrutar de la consciencia. Así, sigo comprobando que al no tener noción de pasado y futuro, la atención, la razón de ser, la existencia y cualquier otro sinónimo, es uno solo con nosotros, ¡es vivir! ¡Es felicidad!

Al agotar las opciones de juego, los niños se preguntaban qué hacer. Unos se inclinaban por más juego, otros por seguir caminando. Sin embargo, tras la sintonía del presente, el juego llegó de nuevo. Así, sigo comprobando que la libre decisión de escoger la mejor opción y entrar en el mundo del compartir, es sin lugar a dudas la mejor que se puede hacer.

viernes, 17 de junio de 2011

Ir y venir = cansancio

Una ocasión platicaba con una amiga que tuvo la oportunidad de ir a Portugal muy frecuentemente. Le comenté que qué bien ir de viaje. Ella me dijo que realmente era muy agotador. Hasta hace algunos años comprendí a lo que se refería.

Ahora, en el ir y venir de un par de viajes separados por tan solo una semana, compruebo una vez más que realmente sí es agotador. Es divertido porque cambia uno la rutina, pero al menos para mí, el hecho de adelantar y recuperar tiempo para salir es lo que lo deja a uno noqueado.

Una semana en América del Sur y ahora una en el norte del País no es nada fácil. De hecho, ¡necesito unas vacaciones de medio año para recuperarme!

Solo puedo decir que el cansancio es como el baile… “ya lo bailado nadie me lo quita”.