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martes, 23 de diciembre de 2014

lunes, 21 de febrero de 2011

¿Real o irreal?

1) En cierta ocasión, en mi primer trabajo, una compañera casi me golpea porque en nuestra conversación mencioné la palabra “mente”. Ella, que es psicóloga, no maneja este concepto porque es algo irreal, solo existe el cerebro, el pensamiento y el discernimiento. Sin embargo, en el diccionario se hace referencia a esta palabra como “el potencial intelectual del alma”, “pensamiento y voluntad”, así como “actividad y proceso psíquico” (¡esta última en el contexto de la psicología!).

2) De acuerdo con los eruditos de las neurociencias, el cerebro no distingue entre la realidad que vivimos, lo que soñamos y lo que nos imaginamos. Para el cerebro, cualquiera de estas tres actividades se percibe exactamente de la misma forma, no hay distinción alguna. Al menos, esto lo demuestran los experimentos donde la actividad cerebral se manifiesta exactamente de la misma forma y en las mismas zonas. Por lo tanto, si nuestro cerebro es el encargado de percibir de esta forma las cosas, cerebralmente no sabemos en qué momento “vivimos realmente”. De aquí se desprende entonces que una persona a la que consideramos “deschavetada de la cabeza”, ¿está loca o no?

3) Alguna vez comenté que el tiempo presente es un instante tan insignificativo, que no nos es posible distinguirlo. Nuestro cerebro necesita de un lapso de tiempo para ser conciente de que estamos en el presente. Sin embargo no es así. Considerando que podemos percibir las cosas tan rápido como la velocidad de la luz (en el mejor de los casos), entonces siempre tenemos un tiempo de retrazo de lo que percibimos. Por lo tanto lo que perciben nuestros sentidos es en realidad la percepción de un pasado, la percepción de algo que ya no existe, la percepción de cosas que no son la realidad.

Con base a lo anterior, si la mente no existe, si nuestro cerebro no distingue lo que sucede y nuestra percepción corresponde solamente al pasado… ¡vivimos en un mundo irreal, ficticio!

La existencia verdadera y efectiva que describen las cosas “reales” es solo producto de nuestra maravillosa “mente” para hacernos “concientes” de un efecto de “presente”, aunque en “realidad” es cosa del pasado.

Se dice que nuestra conciencia es:
¡lo único real!

lunes, 1 de marzo de 2010

Yo, ¿teposkuayolotl?

Lunes por la mañana. Ingreso a mi lugar de trabajo. Me encuentro con caras conocidas. Sé quienes son, pero me cuesta trabajo recordar qué pendientes tengo con cada uno de ellos. El sueño es pesado y me estorba para ver con claridad muchas cosas que suceden a mí alrededor. Veo más caras conocidas y de repente escucho: "Se le olvidó que teníamos algunos pendientes". Realmente sí me acordaba pero entre la inercia de la desconexión total, no pude llegar a tiempo.

Entrando a la oficina, "Oiga, espéreme, necesito hablar con Usted". Bien, me espero, pero ¿para qué? todos sabemos lo que hacemos, sin embargo, algo tengo que decir con respecto a lo que me pregunten. Muy pesado, me siento lento y solo escucho en mi interior una maquinaria que me dice, sigue este paso y luego este otro. Y así lo hago.

Sorpresivamente otra instrucción se hace presente: clases, clases, clases... Llegué tarde con mi grupo. Clase suspendida porque tengo otros pendientes. Pero ¿qué pendientes? ¿Acaso no está todo en orden? Pues sí, pero requieren de mi presencia. ¡La junta! No puede ser, hay una junta y no tengo tiempo para ir, pero hay que asistir, es importante, las decisiones que se tomen son de peso. Mi Yo interno se robotiza, solo atiende por las actividades que salen al paso, que según fueron programadas con anticipación, pero algo pasó porque mi chip no tiene registrado nada.

Opiniones, discusiones, propuestas, bla, bla, bla, bla, bla... Votaciones... sí, todos de acuerdo. No tengo más instrucciones que hacer mas solo seguir lo programado. No hay más, solo eso, seguir y seguir mecánicamente porque no hay tiempo para otra cosa. Más tarde en el aula, las preguntas salen, yo contesto, pero... ¡no estudiaron! Les dejé que leyeran. No obstante mis instrucciones me dicen: evalúa, evalúa, evalúa... Obvio, si se tratara de un examen, cero redondo.

Todo a mí alrededor se ve como otros entes mecánicos, haciendo lo que tienen que hacer, yo mientras sigo mis instrucciones... para terminar el día.

Seguramente la "vida" de un robot es aburridísima.