Finalmente ha llegado la hora cero, la hora donde se verá (espero) el final del despilfarro de "Bicente" y su cuate "Cente". También espero (creo que soñaré) ver muy pronto publicado el costo de dicho despilfarro, que según la Ley de Transparencia y Acceso a la Información, debemos estar enterados de dicho costo. Solo por curiosidad: ¿A cuanta gente se podrá ayudar con esa cantidad de dinero?
Por cierto, ¿Qué tiene de especial este año como para no hacer las cápsulas de historia de México año con año? ¿Solo este año tendremos que ser conscientes de nuestra historia? Bueno, no sé si de nuestra historia o de la historia de otros. No cuestiono la importancia de nuestra historia, solo critico lo que nos venden.
Mientras tanto, disfrutemos del circo romano de este año. Solo seamos conscientes que hay cosas muy importantes que como mexicanos necesitamos hacer: un verdadero cambio en nuestra forma de pensar o seguiremos “tantito igual” o peor.
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miércoles, 15 de septiembre de 2010
lunes, 17 de mayo de 2010
El despilfarro de bicente y cente
Crisis:
Cambio decisivo, brusco o importante.
Escasez y carestía.
Si desde hace algunos años estamos en crisis como país (carestía), hemos afrontado situaciones complejas (cambios) y nos están exprimiendo con los impuestos (más cambios) para solucionar (según) muchas cosas, entonces ¿con qué derecho llega “bicente” (y de paso su cuate “cente”) y tranquilamente se les da dinero?
Hasta la fecha (y si me equivoco, corríjanme), se desconoce el presupuesto destinado para el famoso cumpleaños, incluso hay informes de que pasarán algunos años antes de saber el costo de la fiesta. Aunque se ha pedido hacer público todo esto para estar a la par con la transparencia (¿será de bolsa negra?), aún no hay respuesta. La reina carestía que debe estar gobernando en nuestro país resultó ser también un títere. No es de extrañarse.
Desde luego es emocionante que cuando cumplo cierto número de años, me dan ganas de hacer algo relevante, diferente y trascendental. Pero si no me alcanza, tendré tal vez que recortar la lista de mis invitados o tal vez cambiar mi platillo favorito por un más sencillo pero igual de suculento, o cambiar mi vino francés por uno mexicano, total, de todas formas puedo perder el conocimiento si bebo en exceso y a la cruda (realidad) no le importa la finura de la bebida. Alternativas hay, y puedo hacer fiestas trascendentales sin tronarme los dedos.
Hay una frase cruel que dice: “somos o nos hacemos”. Yo no sé de qué lado estamos, pero la realidad es que tal vez me muera, y se mueran varias generaciones de mi descendencia y posiblemente, tal vez, se llegue a ver un granito de cambio. Por lo pronto si alguien me dice qué celebraremos realmente, se lo agradeceré. Y lo digo así, enfáticamente: ¿qué celebramos?, porque si seguimos arrastrando la mentalidad de colonizados, de nada sirve ser independientes.
Patioyotls excesivos... ¡la ruina!
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