Mostrando entradas con la etiqueta enamoramiento. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta enamoramiento. Mostrar todas las entradas

lunes, 5 de diciembre de 2011

¡El color de la música!

El reloj avanza pero no importa. Muchas piezas musicales ya olvidadas nuevamente al descubierto. El ritmo latino suena en toda la habitación. Redescubrir los sonidos de la música desprende sensaciones únicas. Timbales, trompetas, instrumentos electrónicos y la voz del artista suena potente y llena de alegría... ¿Cómo definir lo que se escucha? Solo puedo escribir que las versiones "radio latin dance" son excelentes.

Todo invita a bailar, pero la habitación se llena de grandes pensamientos, no son recuerdos añejos, son vivencias tan reales como estar viviendo realmente, así, así de redundante. Sonrisas, sonrisas, sonrisas van y vienen, las manos se mueven llenas de energía describiendo espacios espectaculares. La mente solo dibuja una imagen, una cara bella, una mujer de sonrisa mágica que contagia con solo verla. Sus ojos hermosos y tan transparentes dejan ver y sentir su interior apacible. Percibo que el alrededor se torna de color azul.

"Ohehoheh, ohehohohah, ohehoheh, ohehohohah...
Es que no hay en el cielo estrella que a su lado parezca más bella...
Debería ser delito ese tumbao que me tiene loco y enamorao".

El romper de las olas azules a la orilla de la playa suena en todos los rincones. La libertad es absoluta, el espacio infinito, no existen esquinas, la vida se siente, el corcel aguarda, el sol es brilloso, el cielo es azul...

Y ahora realmente veo que todo es azul.

sábado, 2 de abril de 2011

Enamoramiento, amor y ágape

Enamorarse... vaya situaciones y locuras complejas. Amar... algo mucho más complejo, pero más estable, aunque se suele padecer. Ágape... seguramente una palabra muy rara, pero un gran objetivo de vida.

Probablemente las dos primeras palabras sean bastante conocidas, más la última no. Veamos, uno se suele enamorar y posteriormente (desde quizá una fracción de segundo hasta algún tiempo razonable y congruente) se pasa al amor. Al menos es lo clásico, salvo por quienes dicen que hay amor a primera vista. Y si uno es capaz de amar, ¿entonces cuándo nos amaremos todos?

Tendré que citar nuevamente al diccionario de la Real Academia Española (RAE)... Dice que el enamoramiento es la acción de excitar un padecimiento de amor en alguien; el amor es un sentimiento que parte de una insuficiencia y se busca a otro ser, donde hay reciprocidad; el ágape es el afecto (amoroso) hacia las personas (aunque su origen se remonta a la época de Jesús).

El RAE puede ser muy puntual, no obstante, hace algunos años supe de una excelente definición para el enamoramiento. Suena cruel, tal vez arrebatado, pero lo describe sin ambigüedades tal y como es: “el enamoramiento es un estado de estupidez transitorio”. Muy realista, sí, muy rudo, sí, pero ¡así es indistintamente de los sentimientos involucrados!

Por otro lado, en el inicio de los tiempos, cuando todos los sentimientos y cualidades del hombre jugaron a las escondidas, la locura contó hasta un millón. Enseguida encontró a todos, excepto al amor. La locura buscó detrás de cada árbol, en cada arroyuelo del planeta, en la cima de las montañas y, cuando estaba por darse por vencida, divisó un rosal. Tomó una horquilla y comenzó a mover las ramas, cuando, de pronto, un doloroso grito se escuchó. Las espinas habían herido los ojos del amor. La locura no sabía qué hacer para disculparse: lloró, rogó, imploró, pidió perdón, y hasta prometió ser su lazarillo. Desde entonces, desde que por primera vez se jugó a las escondidas en la tierra... ¡el amor es ciego y la locura siempre lo acompaña!

Desde el lado serio, según los especialistas británicos, descubrieron que cuando las personas aman con intensidad, en su cerebro se “activan” las neuronas conocidas por su sensibilidad a la oxitocina, un químico portador de mensajes vinculado con sensaciones como el amor, y las conductas maternal y paternal. Al mismo tiempo se desactivan otras zonas, entre ellas la que tiene relación con los juicios negativos y la del pensamiento crítico. Se “desactiva” la zona del cerebro encargada del juicio social y de la evaluación de las personas. Se suprime, por lo tanto, la capacidad de criticar a los seres queridos (de allí la ceguera).

Pasando al ágape. En el antiguo griego, el término ágape se refería al valor dado a las joyas y otros objetos preciosos. El ágape es un matiz de valor hacia algo y hacia alguien. Por lo tanto es una actitud, una postura, una evaluación que genera respeto. Por el tipo de interpretaciones que se han hecho, siempre se ha traducido la palabra ágape como amor. Sin embargo no es el amor producto del enamoramiento, ni el amor mismo como sentimiento, es la parte afectiva de un ser humano hacia otros. Desde esta perspectiva, el ágape va más allá del concepto de excitar un padecimiento de amor, va más allá de la reciprocidad que se pueda tener con otra persona (familiar o no familiar), simplemente es desarrollar la afectividad hacia el prójimo.

Si bien el enamoramiento y el amor son una fuente mínima de ágape, el ágape es un verbo asociado a la vida, a los valores, a la ética, al carácter, al Ser.

¡Expresemos tlasojtlalistli
vidente y real!